Puedo decirte dónde fuimos, a quien vimos, qué teníamos puesto… Pero nada importa. Digamos que lo único que me quedan son los tactos, las palabras, la temperatura, las cosas que descubrí y el instante que nunca podrá serme quitado. El instante en que acortaste la distancia tirando de mi mano y me besaste. Y la razón por la que lo hiciste. Si mal no recuerdo porque tanto te histeriquié con que no lo harías que no tuviste otra opción. Después de ese beso hubo miles, pero ese es para mi el que cuenta. El que me diste para probar que eras un hombre y que no tenías miedo.